Posted on Oct 27, 2009

El dulce aroma
Los aromas de la cocina se esparcen ya, el gran día ha llegado.
- ¿La señora desea que se sirva la comida en el comedor principal? – pregunta Lidia.
- En cuanto mi marido llegue, procede al servicio.
La menuda figura de Tamara se refleja en el espejo del salón, limpia los cubiertos de plata con mucha celeridad. Recién llegada de Italia apenas entiende del idioma español, y menos de comidas tradicionales.
La mesa luce hermosa con su mantel de lino deshilado, el ramo de flores recién cortadas es el centro de atención.
- ¡Es increíble que en plena guerra, el general tenga un permiso especial para comer en su casa! …Quizás sea por su cumpleaños - le comenta Lidia a Tamara.
Dos de la tarde, anuncian las dos campanadas de la catedral. El suave ruido de un motor Ford T, avanza por la callejuela empedrada. El alboroto entre la servidumbre es mayor, cuando se escucha sonar la seca bocina con su inconfundible:
Puuuuub Puuuuub
- ¡El general ha llegado!, abre Pedro el portón y sube su equipaje a la habitación principal - grita Lidia bastante nerviosa.
Tamara en la cocina empieza a verter la crema de verduras, en la sopera blanca que tanto gusta a la señora. Su mirada ahora se dirige al jardín.
Verlos abrazados, ella con su fino traje de seda azul y él con su uniforme militar de muchas insignias, renueva la certeza de que ese amor que se profesan es muy fuerte.
- ¡Qué triste separarse por la guerra! – piensa Tamara – mientras avanza con las viandas al comedor.
La comida transcurre con cierta tirantez. La señora le insiste a su marido en que pruebe los platillos, pero no consigue hacerle comer bocado alguno.
Para disipar la tensión, el general invita a su mujer a caminar por el jardín.
Tamara nota un extraño color en la piel del general, quizás el cansancio le ha quitado su brillantez y vitalidad, parece cetrina.
Lances el pequeño pequinés está muy alterado con esta visita, y aúlla por toda la casa.
- ¡Lances ven aquí! – le ordena la señora
-¡Déjalo mujer!, apenas me conoce y es natural que esté nervioso.
Tamara va recogiendo los platos llenos de comida de la mesa.
- La señora tampoco comió nada – suspira Lidia decepcionada en la cocina.
En el jardín nuevamente los dos, caminando de la mano primero y luego abrazados.
El amor se percibe y él parece flotar en el pasto – comenta Tamara a Lidia que voltea incrédula a mirarla, y le pide continuar con su trabajo.
El ronroneo del Ford T vuelve a sonar afuera.
- ¡Apenas estuvo una hora el general y venir de tan lejos!…la señora llora inconsolable – comentan Lidia y Tamara en la cocina.
El doctor llegó en cuanto Pedro le avisó. La mujer no recobra el conocimiento.
Pedro lee el telegrama urgente, llegado una hora después que el general se marchó:
“Lamentamos fallecimiento ocurrido hace 7 días en frente de batalla. Medalla concedida por servicios a la Patria”
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